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La Habana, Cuba, 24 de agosto de 2016
Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP anunciamos que hemos llegado a un Acuerdo Final, integral y definitivo, sobre la totalidad de los puntos de la Agenda del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia.

PREÁMBULO
Recordando que los diálogos de La Habana entre delegados y delegadas del Gobierno Nacional, presidido por el Presidente Juan Manuel Santos y delegados y delegadas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, con la decisión mutua de poner fin al conflicto armado nacional, tuvieron origen como resultado del Encuentro Exploratorio sucedido en la capital de la República de Cuba entre el día 23 de febrero y el día 26 de agosto de 2012;
Teniendo presente que como resultado de los diálogos exploratorios referidos se produjo un Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, firmado en la fecha última citada ante testigos nacionales y ante delegados de la República de Cuba y del Reino de Noruega que sirvieron igualmente como testigos, y que, desde entonces, asienten el proceso como países garantes;
Poniendo de presente que la República Bolivariana de Venezuela y la República de Chile se han aprestado en todo momento a sus buenos oficios como países acompañantes;
Recordando que en desarrollo de la agenda aprobada en el Acuerdo en mención se dio inicio a la Mesa de Conversaciones el día 18 de octubre de 2012 en la ciudad de Oslo, capital del Reino de Noruega, para luego continuar en la capital cubana sin solución de continuidad hasta el día de hoy que se firma el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera;
Subrayando que el Acuerdo Final que se suscribe en la fecha corresponde a la libre manifestación de la voluntad del Gobierno Nacional y de las FARC-EP, al haber obrado de buena fe y con la plena intención de cumplir lo acordado;
Teniendo presente que el Artículo 22 de la Constitución Política de la República de Colombia impone la paz como un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento; que el Artículo 95 afirma que  la calidad de colombiano enaltece a todos los miembros de la comunidad nacional por lo que es deber de todos engrandecerla y dignificarla; que el ejercicio de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución implica responsabilidades, entre ellas, propender al logro y mantenimiento de la paz; 
Subrayando que la paz ha venido siendo calificada universalmente como un derecho humano, y requisito necesario para el ejercicio de todos los demás derechos y deberes de las personas y la ciudadanía;
Poniendo de presente que el Acuerdo Final recoge todos y cada uno de los acuerdos alcanzados sobre la Agenda del Acuerdo General suscrito en La Habana en agosto de 2012; y que para alcanzarlo el Gobierno Nacional y las FARC-EP siempre y en cada momento nos ceñimos al espíritu y respeto de la Constitución Nacional, de los principios del Derecho Internacional, del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, del Derecho Internacional Humanitario (Convenios y Protocolos), de lo mandado por el Estatuto de Roma (Derecho Internacional Penal), de los fallos proferidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos relativos a los conflictos y su terminación, y demás sentencias de competencias reconocidas universalmente y pronunciamientos de autoridad relativos a los temas suscritos;
Recordando que el Artículo 94 manifiesta que “la enunciación de los derechos y garantías contenidos en la Constitución y en los convenios internacionales vigentes, no debe entenderse como negación de otros que, siendo inherentes a la persona humana, no figuren expresamente en ellos”, que los tratados sobre derechos humanos, aprobados por el Congreso, y que no pueden ser suspendidos ni siquiera durante los estados de excepción, prevalecen en el orden interno;
Poniendo en consideración que la suma de los acuerdos que conforman el Acuerdo Final contribuyen a la satisfacción de derechos fundamentales como son los derechos políticos, sociales, económicos y culturales, y los derechos de las víctimas del conflicto a la verdad, la justicia  y la reparación, el derecho de los niños, niñas y adolescentes, el derecho fundamental de la seguridad jurídica individual o colectiva y la seguridad física, y el derecho fundamental de cada individuo en particular y de la sociedad sin distingos en general, a la no repetición de la tragedia del conflicto armado interno que con el presente Acuerdo se propone superar;
Subrayando que el Acuerdo Final presta especial atención a los derechos fundamentales de las mujeres, los de los grupos sociales vulnerables como son los pueblos indígenas, las niñas, niños y adolescentes, las comunidades afrodescendientes y otros grupos étnicamente diferenciados; los derechos fundamentales de los campesinos y campesinas, los derechos esenciales  de las personas en condición de discapacidad y de los desplazados por razones del conflicto; los derechos fundamentales de las personas adultas mayores y de la población LGBTI;
Considerando que a juicio del Gobierno Nacional las transformaciones que conlleva la implementación del presente Acuerdo deben contribuir a reversar los efectos del conflicto y a cambiar las condiciones que han facilitado la persistencia de la violencia en el territorio; y que a juicio de las FARC-EP dichas transformaciones deben contribuir a solucionar las causas históricas del conflicto, como la cuestión no resuelta de la propiedad sobre la tierra y particularmente su concentración, la exclusión del campesinado y el atraso de las comunidades rurales, que afecta especialmente a las mujeres, niñas y niños.
Valorando y exaltando que el eje central de la paz es impulsar la presencia y la acción eficaz del Estado en todo el territorio nacional, en especial en múltiples regiones doblegadas hoy por el abandono, por la carencia de una función pública eficaz, y por los efectos del mismo conflicto armado interno; que es meta esencial de la reconciliación nacional la construcción de un nuevo paradigma de desarrollo y bienestar territorial para beneficio de amplios sectores de la población hasta ahora víctima de la exclusión y la desesperanza;
Reconociendo los derechos de la sociedad a una seguridad humana integral con participación de las autoridades civiles;
Exaltando y consagrando la justicia prospectiva en tanto reconoce derechos fundamentales esenciales para las nuevas y futuras generaciones como son el derecho a una tierra preservada, el derecho a la preservación de la especie humana, el derecho a conocer sus orígenes y su identidad, el derecho a la exención de responsabilidades por las acciones cometidas por las generaciones precedentes, el derecho a la preservación de la libertad de opción, y otros derechos, sin perjuicio de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación;
Recordando que el pasado 23 de junio del año en curso, las Delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP suscribieron en la capital cubana los acuerdos de Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y Dejación de las Armas y Garantías de Seguridad, en presencia del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, del Secretario General de Naciones Unidas, del Presidente de la Asamblea General de la ONU, del Presidente del Consejo de Seguridad de la misma organización, del Ministro de Relaciones Exteriores del Reino de Noruega, de los Jefes de Estado de los países acompañantes,  de Jefes de Gobierno de países de la región, del Enviado Especial de los Estados Unidos de América y del Representante Especial de la Unión Europea;
Aceptando que las normas de derecho internacional consuetudinario continuarán rigiendo las cuestiones relacionadas con derechos fundamentales no mencionados en el Acuerdo Final, incluyendo el mandato imperativo que ordena que “en los casos no previstos por el derecho vigente, la persona humana queda bajo la salvaguardia de los principios de humanidad y de la exigencias de la conciencia pública”;
Reconociendo el mandato constitucional que afirma que corresponde al Presidente de la República como Jefe de Estado, Jefe del Gobierno y Suprema Autoridad Administrativa convenir y ratificar acuerdos de paz;
El Gobierno de la República de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, hemos acordado:
Suscribir el presente Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, cuya ejecución pondrá fin de manera definitiva a un conflicto armado de más de cincuenta años y que a continuación se consigna.
El presente Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera se suscribe por el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), como Acuerdo Especial en los términos del artículo 3 común a los Convenios de Ginebra de 1949.
El Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP), firman siete originales incluidos sus anexos, uno para cada una de las partes, uno para cada uno de los países garantes y uno para cada uno de los países acompañantes. El séptimo ejemplar original se depositará inmediatamente tras su firma, ante el Consejo Federal Suizo en Berna o ante el organismo que lo sustituya en el futuro como depositario de las Convenciones de Ginebra.
INTRODUCCIÓN
Luego de un enfrentamiento de más de medio siglo de duración, el Gobierno Nacional y las FARC-EP hemos acordado poner fin de manera definitiva al conflicto armado interno.
La terminación de la confrontación armada significará, en primer lugar, el fin del enorme sufrimiento que ha causado el conflicto. Son millones los colombianos y colombianas víctimas de desplazamiento forzado, cientos de miles los muertos, decenas de miles los desaparecidos de toda índole, sin olvidar el amplio número de poblaciones que han sido afectadas de una u otra manera a lo largo y ancho del territorio, incluyendo mujeres, niños, niñas y adolescentes, comunidades campesinas, indígenas, afrocolombianas, negras, palenqueras, raizales y rom, partidos políticos, movimientos sociales y sindicales, gremios económicos, entre otros. No queremos que haya una víctima más en Colombia.
En segundo lugar, el fin del conflicto supondrá la apertura de un nuevo capítulo de nuestra historia. Se trata de dar inicio a una fase de transición que contribuya a una mayor integración de nuestros territorios, una mayor inclusión social -en especial de quienes han vivido al margen del desarrollo y han padecido el conflicto- y a fortalecer nuestra democracia para que se despliegue en todo el territorio nacional y asegure que los conflictos sociales se tramiten por las vías institucionales, con plenas garantías para quienes participen en política.
Se trata de construir una paz estable y duradera, con la participación de todos los colombianos y colombianas. Con ese propósito, el de poner fin de una vez y para siempre a los ciclos históricos de violencia y sentar las bases de la paz, acordamos los puntos de la Agenda del Acuerdo General de agosto de 2012, que desarrolla el presente Acuerdo.
El Acuerdo está compuesto de una serie de acuerdos, que sin embargo constituyen un todo indisoluble, porque están permeados por un mismo enfoque de derechos, para que las medidas aquí acordadas contribuyan a la materialización de los derechos constitucionales de los colombianos; por un mismo enfoque diferencial y de género, para asegurar que la implementación  se haga teniendo en cuenta la diversidad de género, étnica y cultural, y que se adopten medidas para las poblaciones y los colectivos más humildes y más vulnerables,  en especial los niños y las niñas, las mujeres, las personas en condición de discapacidad y las víctimas; y en especial por un mismo enfoque territorial.
El enfoque territorial del Acuerdo supone reconocer y tener en cuenta las necesidades, características y particularidades económicas, culturales y sociales de los territorios y las comunidades, garantizando la sostenibilidad socio-ambiental; y procurar implementar las diferentes medidas de manera integral y coordinada, con la participación activa de la ciudadanía. La implementación se hará desde las regiones y territorios y con la participación de las autoridades territoriales y los diferentes sectores de la sociedad.
La participación ciudadana es el fundamento de todos los acuerdos que constituyen el Acuerdo Final. Participación en general de la sociedad en la construcción de la paz y participación en particular en la planeación, la ejecución y el seguimiento a los planes y programas en los territorios, que es además una garantía de transparencia.
Además, la participación y el diálogo entre los diferentes sectores de la sociedad contribuyen a la construcción de confianza y a la promoción de una cultura de tolerancia, respeto y convivencia en general, que es un objetivo de todos los acuerdos. Décadas de conflicto han abierto brechas de desconfianza al interior de la sociedad, en especial en los territorios más afectados por el conflicto. Para romper esas barreras se requiere abrir espacios para la participación ciudadana más variada y espacios que promuevan el reconocimiento de las víctimas, el reconocimiento y establecimiento de responsabilidades, y en general, el reconocimiento por parte de toda la sociedad de lo ocurrido y de la necesidad de aprovechar la oportunidad de la paz.  
Por lo anterior, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP, con el ánimo de consolidar aún más las bases sobre las que edificará la paz y la reconciliación nacional, una vez realizado el plebiscito, convocarán a todos los partidos, movimientos políticos y sociales, y a todas las fuerzas vivas del país a concertar un gran ACUERDO POLÍTICO NACIONAL encaminado a definir las reformas y ajustes institucionales necesarios para atender los retos que la paz demande, poniendo en marcha un nuevo marco de convivencia política y social.
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El Acuerdo Final contiene los siguientes puntos, con sus correspondientes acuerdos, que pretenden contribuir a las transformaciones necesarias para sentar las bases de una paz estable y duradera.   
El Punto 1 contiene el acuerdo “Reforma Rural Integral”, que contribuirá a la transformación estructural del campo, cerrando las brechas entre el campo y la ciudad y creando condiciones de bienestar y buen vivir para la población rural. La “Reforma Rural Integral” debe integrar las regiones, contribuir a erradicar la pobreza, promover la igualdad y asegurar el pleno disfrute de los derechos de la ciudadanía.
El Punto 2 contiene el acuerdo “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”. La construcción y consolidación de la paz, en el marco del fin del conflicto, requiere de una ampliación democrática que permita que surjan nuevas fuerzas en el escenario político para enriquecer el debate y la deliberación alrededor de los grandes problemas nacionales y, de esa manera, fortalecer el pluralismo y por tanto la representación de las diferentes visiones e intereses de la sociedad, con las debidas garantías para la participación y la inclusión política.
En especial, la implementación del Acuerdo Final contribuirá a la ampliación y profundización de la democracia en cuanto implicará la dejación de las armas y la proscripción de la violencia como método de acción política para todas y todos los colombianos a fin de transitar a un escenario en el que impere la democracia, con garantías plenas para quienes participen en política, y de esa manera abrirá nuevos espacios para la participación.
El Punto 3 contiene el acuerdo “Cese al Fuego y de Hostilidades Bilateral y Definitivo y la Dejación de las Armas”, que tiene como objetivo la terminación definitiva de las acciones ofensivas entre la Fuerza Pública y las FARC-EP, y en general de las hostilidades y cualquier acción prevista en las reglas que rigen el Cese, incluyendo la afectación a la población, y de esa manera crear las condiciones para el inicio de la implementación del Acuerdo Final y la dejación de las armas y preparar la institucionalidad y al país para la reincorporación de las FARC-EP a la vida civil.
Contiene también el acuerdo “Reincorporación de las FARC-EP a la vida civil –en lo económico, lo social y lo político- de acuerdo con sus intereses”. Sentar las bases para la construcción de una paz estable y duradera requiere de la reincorporación efectiva de las FARC-EP a la vida social, económica y política del país. La reincorporación ratifica el compromiso de las FARC-EP de cerrar el capítulo del conflicto interno, convertirse en actor válido dentro de la democracia y contribuir decididamente a la consolidación de la convivencia pacífica, a la no repetición y a transformar las condiciones que han facilitado la persistencia de la violencia en el territorio.

ElPunto 3 también incluye el acuerdo sobre “Garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres o que atentan contra defensores y defensoras de derechos humanos, movimientos sociales o movimientos políticos, incluyendolas organizaciones criminales que hayan sido denominadas como sucesoras del paramilitarismo y sus redes de apoyo, y la persecución de las conductas criminales que amenacen la implementación de los acuerdos y la construcción de la paz”. Para cumplir con este fin, el acuerdo incluye medidas como el Pacto Político Nacional; la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad; la Unidad Especial de Investigación; el Cuerpo Élite en la Policía Nacional; el Sistema Integral de Seguridad para el Ejercicio de la Política; el Programa Integral de Seguridad y Protección para las Comunidades y Organizaciones en los Territorios; y las Medidas de Prevención y Lucha contra la Corrupción.
El Punto 4 contiene el acuerdo “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”. Para construir la paz es necesario encontrar una solución definitiva al problema de las drogas ilícitas, incluyendo los cultivos de uso ilícito y la producción y comercialización de drogas ilícitas. Para lo cual se promueve una nueva visión que dé un tratamiento distinto y diferenciado al fenómeno del consumo, al problema de los cultivos de uso ilícito, y a la criminalidad organizada asociada al narcotráfico, asegurando un enfoque general de derechos humanos y salud pública, diferenciado y de género.
El Punto 5 contiene el acuerdo “Víctimas”. Desde el Encuentro Exploratorio de 2012, acordamos que el resarcimiento de las víctimas debería estar en el centro de cualquier acuerdo. El acuerdo crea el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que contribuye a la lucha contra la impunidad combinando mecanismos judiciales que permiten la investigación y sanción de las graves violaciones a los derechos humanos y las graves infracciones al Derecho Internacional Humanitario, con mecanismos extrajudiciales complementarios que contribuyan al esclarecimiento de la verdad de lo ocurrido, la búsqueda de los seres queridos desaparecidos y la reparación del daño causado a personas, a colectivos y a territorios enteros.
El Sistema Integral está compuesto por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición; la Unidad Especial para la Búsqueda de Personas dadas por desaparecidas en el contexto y en razón del conflicto armado; la Jurisdicción Especial para la Paz; las Medidas de reparación integral para la construcción de la paz; y las Garantías de No Repetición.
El Punto 6 contiene el acuerdo “ Mecanismos de implementación y verificación” en el que se crea una “Comisión de implementación, seguimiento y verificación del Acuerdo Final de Paz y de resolución de diferencias”, integrada por  representantes del Gobierno Nacional y de las FARC-EP con el fin, entre otros, de hacer seguimiento a los componentes del Acuerdo y verificar su cumplimiento, servir de instancia para la resolución de diferencias, y el impulso y seguimiento a la implementación legislativa.
Adicionalmente crea un mecanismo de acompañamiento para que la comunidad internacional contribuya de distintas maneras a garantizar  la implementación del Acuerdo Final y en materia de verificación se pone en marcha un modelo con un componente internacional integrado por los países que durante el proceso han tenido el papel de garantes y acompañantes y dos vocerías internacionales, todo ello soportado en la capacidad técnica del Proyecto del Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la Universidad de Notre Dame de los Estados Unidos.
*
Las delegaciones del Gobierno Nacional y de las FARC-EP reiteramos nuestro profundo agradecimiento a todas las víctimas, las organizaciones sociales y de Derechos Humanos, las comunidades incluyendo los grupos étnicos, a las organizaciones de mujeres, a los campesinos y campesinas, a los jóvenes, la academia, los empresarios, la Iglesia y comunidades de fe, y en general a los ciudadanos y ciudadanas que participaron activamente y que a través de sus propuestas contribuyeron al  Acuerdo Final. Con su participación lograremos la construcción de una paz estable y duradera.


"El martes 9 de agosto se conmemoró el Día de los Pueblos Indígenas. Prensa Rural habló con Julio César Pascué Ulcué, vocero de la Coordinación Nacional de Pueblos, Organizaciones y Líderes Indígenas (Conpi), sobre los retos que vienen para estos pueblos en el posible posacuerdo."
   
Por: Agencia Prensa Rural

Julio César Pascué junto a voceros de otras organizaciones indígenas en La Habana.


–APR: ¿Qué desafíos tienen hoy los pueblos indígenas en Colombia?
–JCP: Los retos están en el fortalecimiento organizativo, porque si no estamos organizados, otros serán quienes aprovechen el espacio de los diálogos de La Habana y todo lo que se logre establecer allí. Si estamos fragmentados, difícilmente vamos a lograr aportarle al proceso.
Es importante fortalecer el debate interno, en el entendido de que en este conflicto ha salido, de los pueblos indígenas, gente para los grupos armados. Es necesario discutir nuestras problemáticas internas, buscarles soluciones y poder aportar desde las diferentes miradas.
Otro reto es la reconciliación. Muchos comuneros han estado en grupos armados, lo que deja secuelas. Es necesario mirar cómo nos reconciliamos en nuestros territorios.
–APR: ¿La Jurisdicción Especial Indígena está preparada para la paz y la reconciliación?
–JCP: En el caso de la justicia nuestra, creo que debemos empezar por buscar las razones que llevaron a varios comuneros a meterse a un grupo armado.
Creo que el tema de las amnistías es un reto que tienen las organizaciones y los cabildos que han condenado a compañeros, porque hay lugares donde se está condenando el hecho de ser guerrillero, mas no el delito que haya cometido, pero hay que mirar cuál fue el motivo que lo llevó a irse para la insurgencia.
En ese sentido, es necesario que los cabildos tengan una estructura que se encargue solamente de la investigación y aplicación de justicia. Además, requerimos de la construcción de una normatividad.
–APR: Recientemente la Conpi estuvo en La Habana. ¿Qué propuestas presentaron a la mesa?
–JCP: Nosotros llevamos la propuesta de que se nos permita la participación real en todos los aspectos: en refrendación, en implementación y en la verificación, que es importante para nosotros, porque hemos vivido en las zonas donde se ha desarrollado el conflicto.
También llevamos una propuesta alrededor del tema de participación. Les propusimos a las partes que por cada región (Pacífica, Caribe, Andina, Amazonia y Orinoquia) se otorguen tres curules en el Congreso a los pueblos indígenas. Así mismo, en las asambleas departamentales y los concejos municipales se deben garantizar dos curules para los pueblos indígenas, en los municipios y departamentos donde haya presencia y organización de los pueblos indígenas.
Sin embargo, yo creo que hay una debilidad frente al tema étnico en la mesa de La Habana. Pese a que haya disposición a escuchar y tener en cuenta las propuestas, uno siente que el tema étnico brilla por su ausencia.
–APR: ¿Cuál es la postura de la Conpi frente al plebiscito?
–JCP: Desde que se creó la Coordinación nosotros hemos trabajado por la paz. Ejemplo de esto es la decisión de los cuatro cabildos en Caldono (Cauca) de poner a disposición de las FARC y el Gobierno sus resguardos para acoger allí una Zona Veredal de Transición y Normalización.
Definitivamente nosotros diremos sí en el momento en que llegue la refrendación. Desafortunadamente nos toca refrendar los acuerdos a través de un plebiscito. Preferíamos que fuera a través de una asamblea nacional constituyente, pero decididamente trabajaremos por el sí en el plebiscito.

 Tomado de: http://www.semanariovoz.com/2016/08/19/los-pueblos-indigenas-apoyan-y-respaldan-la-paz/


"El territorio para los pueblos indígenas lo forma no sólo la tierra que pisan y de la que se nutren con los alimentos y el agua, sino que también está integrado por otros dos planos: uno situado en el subsuelo y otro en el ambiente que se respira, donde por ellos fluyen los espíritus de sus muertos; de ahí que la defensa por cuidar el territorio sea tan amplia y abarque un concepto mucho más grande del que, de manera habitual y racional, pensamos". 

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desdeabajo.info - Por Silvia Arjona Martín. 16 de agosto de 2016.

A orillas del Río Anchique (Natagaima) Las mujeres indígenas discuten sobre los retos que se les presentan para defender los territorios - SAM

Una minga de pensamiento de mayoras, sabedoras y jóvenes indígenas reúne a unas 150 mujeres de toda Colombia para repensar su papel como defensoras del territorio. El encuentro, realizado en Natagaima (Tolima) del 12 al 14 de agosto, ha sido organizado por la Coordinación Nacional de Pueblos, Organizaciones y Líderes Indígenas de Colombia (CONPI) con el apoyo de la Asociación de Cabildos Indígenas del Tolima (ACIT) y el Movimiento Político y Social Marcha Patriótica.


Luz Mery Panche, integrante de la Coordinación Nacional de Pueblos, Organizaciones y Líderes Indígenas (CONPI), habla fuerte y segura mientras mambea hoja de coca y saborea una pasta marrón oscura que saca cuidadosamente de un pequeño bote de plástico para que la ayude a liberar las propiedades de la planta sagrada. Sentada sobre las raíces de uno de los árboles que ofrece una refrescante sombra a la orillas del río Anchique, en el Centro Sagrado Painima, a unos siete kilómetros del municipio tolimense de Natagaima, y vestida con ropa típica de su pueblo nasa del Caquetá, Luz Mery habla para unas treinta mujeres indígenas de otros pueblos de Colombia sobre la importancia de repensarse las formas de defensa del territorio y los retos que se les presentan ante el nuevo panorama social y político en el país.

Es sábado por la mañana y el sol ya calienta en lo alto. Un círculo envuelve las palabras de Luz Mery en un discurso convincente y esclarecedor que sirve para introducir el grupo de trabajo llamado “Dialogo de Saberes: las mujeres indígenas como tejedoras de la identidad, la resistencia y la defensa de la vida y los territorios en la construcción de una Colombia más allá de la guerra”, una de las actividades que complementan el primer Diálogo Nacional de Mayoras, Sabedoras y Jóvenes Indígenas: a cuidar, ordenar y defender la vida digna y la paz territorial con justicia social, organizado por la CONPI con la colaboración de la Asociación de Cabildos Indígenas del Tolima (ACIT) y de Marcha Patriótica, y en el que han participado unas 150 mujeres indígenas de toda Colombia.

Luz Mery repasa las luchas de los pueblos indígenas Nasa, Wayüü, Awá, Inga, Misak, Zenú y Pijao, éste último uno de los más resistentes a las invasiones foráneas que ha tenido Colombia a lo largo de su historia. La intención es demostrar que no son un grupo aislado que sólo se dedica a cuidar la naturaleza, sino que hasta son capaces de coger las armas para defender su territorio, “y eso es nuestra historia y no puede avergonzarnos porque forma parte de nuestra dignidad”, exclama con orgullo evocando, por un instante, el espíritu de la Cacica Gaitana, heroína indígena del siglo XVI que lideró a sus pueblos para combatir contra la invasión de los españoles allá por los años 1539 y 1540.

Reflexiona con detalle cómo los pueblos indígenas trabajan la defensa del territorio desde lo jurídico, lo político y lo cultural haciendo un pequeño recorrido histórico de todos los logros conseguidos con la intención de seguir caminando por esos rumbos, pero partiendo de las necesidades actuales de cada uno de los pueblos indígenas del país. Y es que las mujeres indígenas presentan el reto de recuperar el papel como defensoras, cuidadoras, ordenadoras de sus cuerpos, la familia, la comunidad y el territorio. “Retos que nos pensamos desde el fogón para recuperar el sentido del movimiento indígena, el cual ha sido desviado de su espíritu por aquellas políticas neoliberales que han fraccionado y debilitado nuestro proceso de lucha y resistencia milenaria”.

El territorio para los pueblos indígenas lo forma no sólo la tierra que pisan y de la que se nutren con los alimentos y el agua, sino que también está integrado por otros dos planos: uno situado en el subsuelo y otro en el ambiente que se respira, donde por ellos fluyen los espíritus de sus muertos; de ahí que la defensa por cuidar el territorio sea tan amplia y abarque un concepto mucho más grande del que, de manera habitual y racional, pensamos. Asimismo, no sólo se plantean como territorio el de sus resguardos, sino también el que ocupa toda Colombia e incluso toda América, por lo que su lucha por proteger, cuidar y sanar las relaciones entre los humanos y la naturaleza cobra unas extensas dimensiones dignas de ser reconocidas y puestas en prácticas.

Pero los pueblos indígenas no quieren luchar solos en esta pelea global sino que saben de la importancia de integrar a otros pueblos y entretejer redes de unidad, fraternidad y apoyo mutuo puesto que el territorio es algo compartido. “Cuando los afros, el campesinado o la gente de la ciudad está en situaciones críticas también yo lo estoy porque si el vecino no está bien, yo no puedo estar bien. Si el vecino está mal yo estoy en riesgo”, comenta Luz Mery con afecto y refiriéndose con la palabra “riesgo” a la, cada vez más patente, extinción de los pueblos indígenas debido a los muchos desplazamientos del campo a la ciudad vinculados con el conflicto social y armado colombiano. De los dos millones de indígenas que hay en el país aproximadamente, casi el 25% están desplazados en las urbes y sin territorios a los que volver, lo que impide seguir fortaleciendo la cultura, la identidad, el idioma y los usos y costumbres, por lo que todo ello hace que la defensa del territorio sea algo fundamental para su esencia vital.

Además de esto, otra de las amenazas más fuertes que afecta al desarrollo de los pueblos ancestrales de Colombia es la explotación mineroenergética, que perjudica a la tierra y sus fuentes acuíferas. En algunos de los títulos mineros están grandes multinacionales como Anglogold Ashanti, especialmente situada en la zona alta de la Cordillera central, “aunque son muchas las fachadas que utilizan para, primero, hacer los estudios pertinentes y, después, explotar la zona”, explica Ancízar Ibarra, indígena pijao de Natagaima y miembro de la CONPI que está acompañando a todas las mujeres participantes del encuentro. Asimismo, otra amenaza a destacar es el tipo de economía que se viene implementando en el estado colombiano que se fundamenta en no asegurar la producción alimentaria nativa, provocando que desaparezcan las semillas y beneficiando la entrada de productos extranjeros que muchas veces son transgénicos.

Por ello, tras reflexionar sobre los problemas y retos que presentan las mujeres indígenas para con sus comunidades, se realiza un intercambio de semillas para perpetuar sus alimentos. El trueque se hace sobre todo entre granos de maíz, debido a la gran variedad que existen y a que estas semillas amarillentas, marrones, blancas y negras son el alimento base de la dieta colombiana y se utilizan para hacer arepas, condimentar un ajiaco o elaborar la chicha, esa bebida sagrada indígena que no falta en ningún encuentro comunitario, como en éste, que es repartida en distintos momentos.

El tejido de la vida




Herminia Chocué teje la vida con hilo de cabulla. Por: SAM.

Herminia Chocué Latacué es indígena nasa y lideresa de su comunidad. Ha hecho un largo periplo de veinte horas en autobús desde su resguardo Nasaú, en Ipiales (Nariño), hasta llegar a Natagaima. Tiene 59 años, viste con ropa típica de su pueblo de muchos colores y luce siempre una gran sonrisa donde se aprecia una mezcla de sabiduría y humildad que la hacen una mujer hermosa. Se distrae tejiendo una mochila de cabuya que cose con sus manos todo el tiempo aunque en realidad -dice- lo que teje es la vida. Afirma no saber leer ni escribir, pero tampoco lo ha echado en falta porque sabe escuchar a la Pacha Mama e interpretar sus quejas como si de una bióloga se tratara. Habla con ella todos los días, la reza con cánticos, aromas y flores mientras practica sus rituales ancestrales alrededor de un círculo hecho de semillas y plantas. Usa el agua para limpiar el aurea y el aroma de algún incienso para purificar las energías.

En cada una de sus intervenciones a lo largo de los tres días de encuentro interviene primero en su lengua materna y luego en español, y en todas ellas asegura con resignación que se han perdido los usos y costumbres de sus pueblos y que las generaciones más jóvenes ya no se interesan por la cultura indígena, por lo que se plantea tomar partido al respecto y buscar soluciones entre todas. Le preocupa también cómo el cambio climático está afectando a las tierras y a la producción de los alimentos, y cómo las fuentes acuíferas, que forman parte de lo sagrado, están despareciendo por la contaminación o por los desvíos intencionados de las empresas extractivistas.

Herminia sabe que las mujeres son la columna vertebral de sus comunidades a través de las cuales se fortalecen los lazos de unidad, solidaridad, fraternidad y compromiso, por lo que su palabra y sus decisiones deben ser cada vez más tenidas en cuenta. Es por ello que ansía llegar a su refugio para contagiar a todas las mujeres que la forman sobre lo trabajado estos tres días en Natagaima y seguir en la necesidad de sumar las luchas femeninas y feministas entre todos los pueblos ancestrales.

A pesar de que aún existen muchos obstáculos relacionados a la domesticidad en la que están atrapadas las mujeres, tanto en sus hogares, como en el trabajo reproductivo invisibilizado y en las responsabilidades del cuidado de la familia y de la comunidad, existe un nivel de conciencia muy importante acerca del papel que todas ellas ocupan en la sociedad de cara a cómo poner solución a ciertas problemáticas sociales, pero también a la situación política actual que envuelve a Colombia.

Para Yiya Sandoval, que hace parte del Equipo Nacional de Mujeres de Marcha Patriótica, “su condición de mujeres pone de manifiesto la relación que existe entre su cuerpo y el cuerpo- territorio, de ahí que pongan sobre la mesa la necesidad de fortalecer el pensar no sólo en el territorio que ocupan, sino también en el del país completo y en el del continente Abya Ayala. Así como reflexionar en las problemáticas que atraviesan y manifestar su total disposición para fortalecer las luchas políticas que tenemos hoy por hoy como pueblos indígenas en defensa de su territorio, su cultura y el ambiente; pero también, el apoyo a los diálogos en La Habana, y elcompromiso de prepararnos para un proceso de movilización e implementación que va a ocurrir posterior a la firma de los Acuerdos de Paz y donde las mujeres sí o sí juegan un papel determinante en la contención de las comunidades y en los vínculos que ellas tienen con sus pueblos”.

Sí al plebiscito

Los pueblos indígenas colombianos han venido participando del proceso de diálogos entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP con el fin de que el enfoque étnico estuviera presente en cada uno de los acuerdos. Es por ello que en este primer encuentro de mujeres indígenas que cuidan y apuestan por una vida digna y una paz territorial con justicia social se ha ratificado el SÍ en el plebiscito, que se prevé celebrar una vez se firme el acuerdo final, como herramienta principal para construir territorios de paz, lo que para todas ellas significa el equilibrio y la armonía en la relación con la Madre Naturaleza y la garantía de condiciones para una vida digna de los territorios y de las comunidades.

La forma de pensar no occidental de los pueblos ancestrales incide en esa idea de comunidad o de comunismo primitivo que es la esencia que se busca con estos acuerdos, lo que para Sandoval significa “el lugar común, el vínculo que nos hace luchar por transformaciones estructurales del tipo político, social, económico y cultural”.

Un ejemplo de ello es cómo algunos resguardos indígenas, como los de Burao, Caldono, Pioyá y Pueblo Nuevo, en el departamento del Cauca, van a ofrecer su territorio para las Zonas Veredales Transitorias para la Normalización (ZVTN), que buscan garantizar el cese bilateral el fuego y de hostilidades de manera definitiva y que las FARC dejen las armas. “Cada uno de estos resguardos indígenas han hecho valer su autonomía y autoridad tradicional que les compete y han decidido hacer una puesta por la paz verídica”, explica Carlos Campo, del resguardo indígena San Lorenzo, en el Cauca, que hace parte de la comisión de comunicaciones del CONPI y que ha querido acompañar a las mujeres de su resguardo hasta Natagaima, tras un largo viaje de veintidós horas en chiva.

Según este joven que luce una camiseta roja de Juventud Rebelde y muestra mucha seguridad en lo que dice, “más allá de los posibles beneficios que esta decisión puede traer a la comunidad indígena, lo que pretendemos es apostarle a la paz y poner en valor la frase que solemos decir de cuenten con nosotros para la paz. Y es que la paz no es simplemente el cese al fuego, sino que es una construcción social y como movimiento indígena tenemos aún más que valer nuestros derechos, por medio de la protesta, por medio de la movilización, haciendo entender que estamos presentes y preparados para la paz”.

Después de tres días de minga de pensamiento liderada por mayoras, sabedoras y jóvenes indígenas con capacidad de liderazgo, empoderadas y con voluntad de transformar las dinámicas sociales y comunitarias que están contribuyendo a perder sus raíces, identidades y cultura, se ha dejado evidencias de que el movimiento indígena cuenta con toda la autoridad moral, material y libertaria para poder enseñar al resto de culturas cómo se deben organizar para la defensa del territorio y de la Madre Tierra, y cómo deben resguardar y mantener el traspaso de la sabiduría a las generaciones más jóvenes, las que van en realidad a vivir la paz con justicia social que todos los pueblos de Colombia están esperando.



Caldono Cauca, 16 de Agosto de 2016

Doctor:

JUAN MANUEL SANTOS CALDERÓN

Presidente de la República


Respetado Señor Presidente

Nosotros los Concejales del Municipio de Caldono Cauca, representantes de diferentes partidos políticos ASI, MAIS, POLO DEMOCRÁTICO, PARTIDO LIBERAL, PARTIDO CONSERVADOR, CAMBIO RADICAL, ALIANZA VERDE nos dirigimos a usted con el fin de manifestar nuestro apoyo al proceso de paz y pedir de usted Señor Presidente de la República, el respaldo pleno al Municipio de Caldono como sitio de concentración en la zona veredal que se escoja.

Más que nosotros conocedores de nuestro Municipio y víctimas del conflicto armado QUEREMOS LA PAZ, NO ACEPTAMOS que algunas organizaciones sociales quieran intervenir en el avance y decidan por toda una comunidad.

De otra parte hacemos un llamado a desarmar nuestros intereses personales y políticos que no aportan a la construcción de la paz, como concejales del Municipio de Caldono, pedimos respeto a las decisiones tomadas por las comunidades indígenas en cabeza de sus Gobernadores y las Comunidades Campesinas que respaldan el proceso de paz.

Agradecemos su atención.

Atentamente

_________________________                                            ____________________________
RAMIRO GUETIO PATIÑO                                       JOSE REINEL YATACUÉ MENZA
Presidente Concejo Municipal                                          Primer Vicepresidente Concejo Municipal

_________________________                                            ____________________________
MARCOS SOSCUE CERON                                     CLAUDIA XIOMARA PECHENE T.
Segundo Vicepresidente Concejo Municipal                  Secretaria General Concejo Municipal


Elaboró: Claudia Xiomara Pechené
Revisó: Ramiro Guetio Patiño
Aprobó: Ramiro Guetio Patiño­

Archivo adjunto:


MUJERES INDÍGENAS TEJIENDO PENSAMIENTO PARA LA DEFENSA DEL TERRITORIO Y LA CONSTRUCCIÓN DE PAZ CON JUSTICIA SOCIAL


Durante los días 12,13 y 14  de agosto de 2016,  en  territorio  ancestral Pijao en el  municipio de Natagaima al sur del Tolima, Colombia. Se realizó el primer gran dialogo nacional de mayoras, sabedoras y jóvenes indígenas como cuidadoras, ordenadoras y defensoras de la vida digna y la paz con justicia social. Primer encuentro de mujeres organizado por  la CONPI -Coordinación nacional de pueblos indígenas de Colombia-.

En esta  minga de pensamientos nos encontramos mujeres pertenecientes a los pueblos originarios dueños ancestrales de nuestros territorios dentro de ellos, el  pueblo Nasa de los departamentos del  Cauca, Meta, Nariño, Putumayo, Valle del Cauca y Caqueta, de la región Nariño el pueblo Awá y pueblo Pastos, así mismo  la participación del pueblo Misak y pueblo Inga, por parte de la región Caribe el pueblo Zenú desde los Montes de María, desde el Norte en el departamento de la Guajira el pueblo Wayüü, y como anfitrión el pueblo Pijao del centro del país. Allí tejimos nuestras luchas desde un principio originario como hijas de una misma madre tierra siendo herederas de nuestra Gran Cacica la Gaitana, fortaleciendo la unidad indígena que ratificamos la proclama de las 14.000 mujeres que acompañaron a Manuel Quintín Lame Chantre.

Desde la ley de origen y el derecho mayor las mujeres indígenas tenemos el reto fundamental de recuperar nuestro papel como defensoras, cuidadoras, ordenadoras de nuestros cuerpos, la familia, la comunidad, y el territorio. Retos que nos pensamos desde el fogón para recuperar el sentido del movimiento indígena, el cual ha sido desviado de su espíritu por aquellas políticas neoliberales que han fraccionado y debilitado nuestro proceso de lucha y resistencia milenaria. Al recorrer nuestra historia como movimiento indígena identificamos como hemos venido asumiendo el liderazgo en cada una de nuestras comunidades y organizaciones, buscando equilibrar la participación de las mujeres en estos espacios de toma de decisión, a partir de nuestros elementos de resistencia como los modos de producción ancestral, la conservación de nuestras semillas nativas, el desarrollo del pensamiento a través de la cosmovisión  de cada pueblo, que tenemos la responsabilidad de heredar a nuestros hijos e hijas con la transmisión del idioma propio y territorial.

Consideramos que la defensa de la vida y el territorio no puede ser una tarea aislada de nuestras comunidades indígenas, por la tanto proponemos lazos de unidad, solidaridad, fraternidad y compromiso con quienes compartimos el territorio como el campesinado, las comunidades afro descendientes y demás sectores no solo agrarios y rurales sino también aquellos urbanos con quienes nos identificamos en la necesidad de cambiar la historia de este país, tarea urgente que debemos asumir las mujeres indígenas desde cada una de nuestras cotidianidades.

Teniendo en cuenta lo anterior consideramos que los pueblos indígenas no podemos ser indiferentes al momento histórico que atraviesa el país en el cual se define la terminación del conflicto armado. Proceso en el cual hemos venido participando incluyendo el enfoque étnico en cada uno de los acuerdos y debemos prepararnos para ratificar nuestro SI en el plebiscito como herramienta principal para construir territorios de paz con justicia social, lo cual traducimos como el equilibrio y la armonía en la relación con la  Madre Naturaleza y la garantía de condiciones para  una vida digna de nuestros territorios y por ende nuestras comunidades.

Todo esto ha de ser posible si nos comprometemos en que cada acción, actividad, proyecto que recoja el espíritu de las tareas que nos hemos puesto en este primer encuentro y que seguiremos realizando en las próximas mingas de pensamiento en cada una de nuestras comunidades y posteriormente a nivel de todo nuestro territorio nacional.

Hoy más que nunca nos urge prepararnos para dar con más fuerza al proceso de lucha como guerreras que nos movilizamos y movilizaremos para seguir existiendo dignamente como pueblos originarios.

Elevado con múltiples y diversas voces de las mujeres indígenas reunidas en la plaza pública de la Constitución del municipio de Natagaima a los 14 días del mes de Agosto de 2016 como fecha histórica para la nación en la que las mujeres llevamos la palabra, la cultura y la acción.

MUJERES CONPI




1. Presentación:

El tiempo de esperanza que vive el pueblo colombiano con la finalización del conflicto armado entre el Estado y las FARC-EP y el avance con el ELN, nos abre posibilidades históricas para vernos como país más allá de la guerra. La nueva Colombia, nacerá del respeto a la diferencia, la defensa de la madre tierra y de protección y afirmación de nuestra identidad pluri-étnica y multicultural. Como pueblos indígenas desde hace más de 500 años resistimos al modelo de despojo territorial y al capitalismo en una apuesta cotidiana caminando la palabra y la acción comunitaria para construir armonía y somos ejemplo vivo de lo que hoy llaman paz territorial.

Somos conscientes de nuestros desafíos como movimiento indígena y uno de ellos es avanzar en la participación y protagonismo de las mujeres en la toma de decisiones y de orientación de nuestra lucha. Por esta razón nos convocaremos en Natagaima, Tolima del 12 al 14 de agosto más de 160 mujeres indígenas de 14 departamentos en un dialogo entre generaciones que nos permita encontrarnos en las diferencias como pueblos y construir agenda común al interior de nuestros procesos y de cara al país como parte de nuestro Movimiento Social y Político Marcha Patriótica. Como mujeres de la Colombia profunda y biodiversa queremos contribuir A cuidar, ordenar y defender la vida digna y la paz territorial con justicia social en Colombia” desde nuestros saberes, propuestas, sabores, luchas, resistencias y esperanzas.

2. Objetivos:

l  Generar un encuentro entre mujeres indígenas de distintas generaciones y pueblos para propiciar intercambios de saberes en torno a la construcción de propuestas para abordar el futuro de nuestros territorios más allá de la guerra.

l  Avanzar en una mirada propia desde los pueblos y mujeres indígenas a los conceptos de paz y conflicto y contrastarlo con la cosmogonía propia y la ley de origen explorando conceptos desde el territorio como la reciprocidad, el equilibrio, la unidad, los aportes desde el fogón y la armonía.

l  Avanzar en la visibilización de los liderazgos de las mujeres indígenas y potenciar su participación en la toma de decisiones en la CONPI y en Marcha Patriótica.

l  Contribuir con miradas amplias sobre el momento político y los desafíos del movimiento indígena en general y de las mujeres en particular  en marco de la solución política al conflicto armado.

3. Ejes y preguntas de trabajo:

l  Colombia y el fin del conflicto armado: Marcha Patriótica y la CONPI en la construcción de apuestas comunes que tejen paz con justicia social.

l  Diálogo entre mayoras y sabedoras indígenas: ¿Cuáles han sido los aportes de las mujeres a la lucha del movimiento indígena en Colombia? ¿Cuáles son los conceptos de paz y de conflicto desde las mujeres indígenas y la cosmogonía de los pueblos?

l  Diálogo entre generaciones: ¿Cómo avanzamos en el fortalecimiento organizativo como mujeres indígenas para contribuir al Movimiento Indígena y a la construcción de paz desde los territorios?

l  Diálogo e intercambio de saberes: las Mujeres Indígenas como Tejedoras de Vida, territorio y resistencia: por una Colombia más allá de la guerra.”



Coordinación Nacional de Sectores Sociales Comisión Nacional de Organización y Control del Plan Movimiento Político y Social Marcha Patriótica


La Coordinación Nacional de Pueblos, Organizaciones, Lideresas y Líderes Indígenas de Colombia - CONPI invita a los Cabildos Urbanos, a  jóvenes, organizaciones, mujeres y estudiantes indígenas en Bakatá (Bogotá) y demás personas interesad@s a participar en el conversatorio "El Buen Vivir, Los Pueblos Indígenas y la Ciudad" que se desarrollará el próximo 10 de agosto de 2016 y que contará con la participación del Consul de Ecuador en Colombia y otros invitad@s especiales. Como CONPI Esperamos contribuir a generar escenarios que nos permitan entender la relación ciudad-territorio que se tejen como comunidades indígenas en la vida urbana y la posibilidad de caminar juntos la palabra y la acción en favor de nosotr@s como pueblos. Los esperamos en la sede principal de la Universidad Distrital desde las 5pm.


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